La revista “Garabattage” se despidió por todo lo alto el pasado 5 de dicíembre, un día antes de que el pueblo soberano se aglomerara en los grandes almacenes para celebrar adecuadamente una Constitución que define a España como una economía social de mercado.

Así, la sociedad se fue al mercado cuando un puñado de irredentos acababa de clausurar una empresa no comercial, editando su décima entrega, y anunciaba su intención de embarcarse en una aventura todavía más ruinosa si cabe: editar libros de ilustración que nadie adquiriría en Caprabo o en el Corte Inglés ni tampoco, en la Casa del Libro o la FNAC, sitios más adecuados para comprar a Maitena y al dibujante más fashion del último cuarto de hora, junto a Muñoz Molina y a la paletilla extra (en la Casa del Libro falta la charcutería pero están en ello; en la FNAC prefieren la electrónica)

“Garabattage”, en efecto, fue una revista de ilustración. No de dibujos ni de cromos coloreados (era en blanco y negro salvo su portada a dos tintas), sinó de ilustración.
Cada número tenía un tema sobre el que cada autor daba vueltas, opinaba, glosaba, resbalaba, despistaba, fracasaba con una imagen.

“Garabattage” nació en las aulas de la Escola Massana promovida por un grupo de estudiantes de ilustración del centro, que se abrió inmediatamente a mucha otra gente. Nunca fue un fanzine al uso. Pronto fue revista con todos los atributos, distribuida en librerías especializadas y especiales. Ningún estudioso, periodista o escritor accedió a sus páginas para hacer mala literatura y pésima teoría, como es habitual en estos casos. Su único protagonista fueron las ilustraciones presentadas siempre y sólo por un escueto, lúcido y primoroso editorial.

Fue respetada por profesionales de la ilustración de nombre y obra respetados, porque dentro había calidad gráfica y mucha inteligencia. Pero lo más significativo no es que a lo largo de sus 10 números, hayan aportado sus imágenes reconocidos ilustradores de varias generaciones, sino que entre los propios promotores está buena parte de los personajes que hoy inyectan aire fresco a la ilustración profesional en este país como Riki Blanco, Luci Gutiérrez, Marc Torrent, Pere Ginard, o Pau Masiques.

Algunos de ellos se han situado en primera línea de la ilustración editorial y publicitaria, otros corren el riesgo de convertirse en artistas de culto, tan felices como muertos de hambre, pero todos son ya referentes hechos y derechos. Lo singular y lo bonito es que hacían su camino personal mientras encontraban tiempo para conspirar gráficamente con otros, con un espíritu de trabajo en equipo inusual en un medio que empieza a plagarse de pequeñas vedettes.

Pues todo esto ya no existirá en la forma de una revista. Queda por ver si realmente se prolongará en otra empresa editorial, o si por el contrario cada uno de los editores de “Garabattage” tomará una dirección distinta. Sea como sea no es para llorar porque nadie les va a quitar lo bailado, ni a nosotros lo a gusto que hemos bailado con ellos. Hasta luego “Garabattage”!