Archivo de Enero, 2008

EL ROTO y cuatro cosas sobre la lectura

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Esta viñeta de El Roto (que publico con su permiso) apareció el 9 de diciembre en el diario EL PAÍS en plena conmoción por los resultados del Informe PISA, que situaban a los jóvenes de nuestro país a la cola de la comprensión lectora en Europa. Entre las muchas voces de alarma, algunas sinceramente preocupadas, otras porque se cobra a tanto la pieza, se alzó como quien no quiere la cosa la demoledora ironía del dibujante.

EL ROTO no da ni lo pretende, una explicación del fenómeno pero sitúa las preguntas en los términos que a muchos nos gustaría: para qué sirve leer y para qué sirven las lecturas de ahora a los jóvenes de ahora.

Y hay que empezar por reconocer una serie de cosas. El libro no sirve mejor como fuente de información. El libro no proporciona mejor ocio. El libro no ayuda a desarrollar mejor la imaginación. El libro ni siquiera abre puertas para un acceso decente a un mercado laboral muy indecente. El libro no puede hacer nada de todo esto en si mismo ni en solitario.

Lo que el libro todavía tiene de indispensable es que permite a quien lo lee marcar el tiempo a la información que recibe. Nada menos y también nada más . Esta capacidad es fundamental…pero no más que la de saber discriminar nuestros conocimientos útiles y asentar nuestras emociones entre un flujo de información cuyo ritmo no controlamos, cosa que se aprende mejor a través de otros medios o en combinación con ellos.

Sin embargo todo lo que ahora condiciona nuestra vida y no sólo la de los jóvenes, actúa en contra de estas dos posibilidades que se resumen en una: mantener la distancia necesaria para asimilar y valorar lo que se recibe. La calidad -mala- del trabajo, su organización, los requisitos para obtenerlo, junto a la presión constante hacia la comercialización del ocio… todo conspira contra la atención hacia lo que nos llega. Todo se concibe de manera que no existe ni referencia de pasado ni proyección al futuro. No hay confirmaciones ni rupturas, sólo sustituciones de una mercancía por otra.

El libro no es más víctima de este estado de cosas que una manera inteligente de situarse frente a la imagen. Hay tantas imágenes estúpidas como libros estúpidos, pero buena parte de quienes se rasgan las vestiduras ante la pobreza lectora, prefieren dar la razón al sobrevalorado MacLuhan, y matar al mensajero: la “cultura de la imagen” es la responsable, y así, como ese ladrón que gritaba “al ladrón!” para despistar, claman contra televisión y videojuegos mientras tapan las vergüenzas de una producción editorial hipertrofiada, banal y mediocre, capaz de cobijar una cantidad nunca vista de bodrios en rústica o en tapa dura.

Con una mano alguien saca del sombrero (hop!) bonitos lemas para predicar las bondades del libro, con el mismo éxito que los curas predicaban y predican las ventajas de la castidad, y con la otra (ping!) lanzan una operación comercial a gran escala llamada “Fomento de la Lectura”, en la que animadores culturales, especialistas de distintos ámbitos, revistas, fundaciones, instituciones políticas, etc., no dudo que en general impulsados por las mejores intenciones, sirven en realidad al propósito de vender más y mejor.

Es todo un tema y no puede despacharse con cuatro frases, no lo niego. Pero si alguien quiere empezar a reflexionarlo en serio, puede empezar por la lectura de un artículo de Gustavo Puerta Leisse en la revista Educación y Biblioteca nº 192 (noviembre/diciembre de 2007) titulado “Daños colaterales a la literatura infantil. I. El premio Nacional como síntoma” en el que analiza de forma muy rigurosa el flamante Premio Nacional de Literatura Infantil, el libro Kafka y la muñeca viajera, de Jordi Sierra i Fabra. Es un artículo insólito por su valentía… que hay que leer con mucha atención no vaya a ser que en el próximo informe PISA aún saquemos peor nota .

Sin categoría Arnal Ballester 06 Ene 2008 No hay comentarios

HASTA LUEGO, “GARABATTAGE” !

La revista “Garabattage” se despidió por todo lo alto el pasado 5 de dicíembre, un día antes de que el pueblo soberano se aglomerara en los grandes almacenes para celebrar adecuadamente una Constitución que define a España como una economía social de mercado.

Así, la sociedad se fue al mercado cuando un puñado de irredentos acababa de clausurar una empresa no comercial, editando su décima entrega, y anunciaba su intención de embarcarse en una aventura todavía más ruinosa si cabe: editar libros de ilustración que nadie adquiriría en Caprabo o en el Corte Inglés ni tampoco, en la Casa del Libro o la FNAC, sitios más adecuados para comprar a Maitena y al dibujante más fashion del último cuarto de hora, junto a Muñoz Molina y a la paletilla extra (en la Casa del Libro falta la charcutería pero están en ello; en la FNAC prefieren la electrónica)

“Garabattage”, en efecto, fue una revista de ilustración. No de dibujos ni de cromos coloreados (era en blanco y negro salvo su portada a dos tintas), sinó de ilustración.
Cada número tenía un tema sobre el que cada autor daba vueltas, opinaba, glosaba, resbalaba, despistaba, fracasaba con una imagen.

“Garabattage” nació en las aulas de la Escola Massana promovida por un grupo de estudiantes de ilustración del centro, que se abrió inmediatamente a mucha otra gente. Nunca fue un fanzine al uso. Pronto fue revista con todos los atributos, distribuida en librerías especializadas y especiales. Ningún estudioso, periodista o escritor accedió a sus páginas para hacer mala literatura y pésima teoría, como es habitual en estos casos. Su único protagonista fueron las ilustraciones presentadas siempre y sólo por un escueto, lúcido y primoroso editorial.

Fue respetada por profesionales de la ilustración de nombre y obra respetados, porque dentro había calidad gráfica y mucha inteligencia. Pero lo más significativo no es que a lo largo de sus 10 números, hayan aportado sus imágenes reconocidos ilustradores de varias generaciones, sino que entre los propios promotores está buena parte de los personajes que hoy inyectan aire fresco a la ilustración profesional en este país como Riki Blanco, Luci Gutiérrez, Marc Torrent, Pere Ginard, o Pau Masiques.

Algunos de ellos se han situado en primera línea de la ilustración editorial y publicitaria, otros corren el riesgo de convertirse en artistas de culto, tan felices como muertos de hambre, pero todos son ya referentes hechos y derechos. Lo singular y lo bonito es que hacían su camino personal mientras encontraban tiempo para conspirar gráficamente con otros, con un espíritu de trabajo en equipo inusual en un medio que empieza a plagarse de pequeñas vedettes.

Pues todo esto ya no existirá en la forma de una revista. Queda por ver si realmente se prolongará en otra empresa editorial, o si por el contrario cada uno de los editores de “Garabattage” tomará una dirección distinta. Sea como sea no es para llorar porque nadie les va a quitar lo bailado, ni a nosotros lo a gusto que hemos bailado con ellos. Hasta luego “Garabattage”!

Sin categoría Arnal Ballester 03 Ene 2008 No hay comentarios